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¡Criac! ¡Criac!,
el sapo que croaba diferente
y otros cuentos más

comentarios a: diego@diegomartinezlora.com


ISBN 978-972-8843-96-0
Diego Martínez Lora

¡Criac! ¡Criac!, el sapo que croaba diferente y otros cuentos más, Vila Nova de Gaia, Editorial 100, 2010  68 p.
(Ilustraciones de Eva y Vicente)  

10.50 Euros


 

 

 

 

 

De todos los colores

 

Un pajarito rosado volaba feliz en lo alto de un

cielo limpio y despejado. El sol brillaba como

nunca y apenas una ligera brisa soplaba trayendo

aires marinos. Volando casi con los ojos cerrados,

cuando menos lo esperaba, una nube marrón se le

cruzó en el camino y no la pudo evadir.

Al juntarse nuevamente con su bandada, los

demás compañeros lo miraron con extrañeza y se

esmeraron en volar más rápido como para dejarlo

rezagado. Al no saber la causa del súbito rechazo y

sin poder hablar con ellos, ya que la distancia que

le habían sacado era tremenda, descendió hacia un

pequeño lago para beber agua.

Allí, mirando su reflejo, se dio cuenta de

que todo su plumaje se había vuelto marrón. Con

la ilusión de recuperar su color original, se bañó

refregándose sobre la arenilla del fondo, pero no

dejó de ser marrón. (continúa)


 

El limón que se cayó del árbol

 

Un limón yacía posado sobre la dura tierra del

pomar. Se había caído por efecto de un viento

fuerte y también por el vuelo desatinado de un

viejo mirlo que distraído por una hembra se diera

de bruces con la frágil rama del limonero. Este

árbol sólo albergaba a aquel limoncito verde, que

de un contrasuelazo sin rebote, fue a chocar contra

la tierra como un minúsculo meteorito.

El limón caído, luego de un buen tiempo,

sintió los pasitos de una mosca que recorría muy

interesada todo su redondo cuerpo. En su silencio

característico el limón reía por las cosquillas que

con sus patas peludas le ocasionaba la mosca curiosa

y movediza. Ésta, al sentirlo tan verde y duro, lo

abandonó por otras superficies más propicias para

dejar sus huevos.

El limón se entristeció porque nadie lo

aprovecharía, exprimiéndolo sobre una ensalada

o virtiéndolo sobre un vaso de agua y azúcar para

salir hecho todo una limonada. Se sentía inútil

porque no iba a servir para nada, ni siquiera como

nido para una mosca. (continúa)


 

em Diego Martínez Lora, ¡Criac! ¡Criac! , El sapo que croaba diferente y otros cuentos más , Vila Nova de Gaia, Editorial 100, 2010.

 

 


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