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Diego Martínez
Lora
Minificciones
diego@diegomartinezlora.com ©Diego Martínez
Lora 2010
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Lágrimas
Lloraba en silencio por las noches cuando ya todos dormían. Tendido de lado ponía su cabeza al borde de la cama. Se le abría como un cañito en el que sus lágrimas se juntaban para gotear. Tenía un vaso de vidrio colocado en el suelo donde el líquido lacrimal iba cayendo. Sin exageración lograba llenar casi todo el recipiente, a veces lo desbordaba. Por las mañanas se despertaba con una sorprendente sonrisa y levantándose cogía el vaso con mucho cuidado para regar una hermosa planta que irónicamente siempre tenía flores multicolores. Era la más alegre de toda la casa.
10-03-2010
La confesión
Agarró su saco y se fue a la calle. No tiró la puerta esta vez como siempre lo hacía cuando estaba molesto. Sabía muy bien adónde se dirigía. Se metió a la iglesia, buscó el confesionario, vio uno que estaba con padre, se arrodilló y habló:
- Padre, quiero confesarme.
- Está bien. Puedes comenzar. No tenemos mucho tiempo porque la misa comenzará
de aquí a poco.
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- Vamos, habla.
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- Habla, hombre. Te estoy esperando.
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- ¿Te quieres confesar o no?
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- ¿Hey?
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- Bueno, disculpa tendré que cerrar este confesionario. Ya será para otro día.
- …Padre, espere, déjeme explicarle. No se vaya. Ese silencio que ha escuchado es mi mayor pecado. Así me quedo cuando quieren que hable. Y la gente se molesta conmigo, pero no puedo evitarlo. ¿Me perdona? ¿O usted también me condena?
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- ¿Padre?...
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- ¿Está allí?
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- Dígame algo, no me desampare.
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- Padre… Usted también…
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23/03/2010
Decírtelo
Nunca te lo pude decir antes, primero, porque me quedaba mudo sólo con pensar en decírtelo; segundo, porque cuando ya me sobreponía a los nervios siempre estabas acompañada y no se presentaba la ocasión de poder estar a solas contigo; tercero, porque cuando te mandé el mensaje por carta sólo puse tu nombre, no tu apellido y por cosas del destino entendieron mal la dirección que escribiera. Esa carta fue a parar a las manos de una chica que se llamaba como tú y que me contestó de inmediato correspondiendo a mi solicitud presentándose en carne y hueso en mi casa. Yo me quedé deslumbrado por su belleza que nunca le hablé del malentendido. Me olvidé totalmente de ti, pero una tarde después de tanto tiempo, tantos hijos, tantos nietos por una debilidad estúpida, un arranque de locura, creo, se lo confesé. Le conté la verdad y que no me arrepentía de no haberlo… No me dejó ni acabar. Me echó como un perro. Qué ancianidad, ni qué respeto. Tuve que reorganizar mi vida. Mi dulce y linda mujer se transformó en un monstruo herido en lo más profundo de su corazón. No quiso dirigirme más la palabra. Por eso, ahora que he encontrado tu número telefónico con mucho trabajo, ahora que vivo solo como cuando tenía veintisiete años y los recuerdos me llevan a revivir plenamente mis originales sentimientos no quisiera morirme sin decírtelo…
El autor de esta confesión murió en el año 1999. Su cadáver fue descubierto dos semanas después ante la insistencia de uno de sus hijos para derrumbar la puerta. Una mujer desde el extranjero le contaba a su marido que había recibido la llamada de un señor que parecía medio loquito que se había puesto a confesarle no sabía qué cosa, sin darle tiempo para explicarle que el número que había marcado era de una empresa de fumigación.
26/3/2010
El accidente
Doña Marlene subió todas las escaleras agarrada de la mano de su marido. Eran casi cuarenta y cinco peldaños hasta llegar a la sala donde se casaría nuevamente su única hija. Cuando vio a su ex-marido sentado al lado de su actual esposa sintió unas ganas extrañas de vomitar, pero se contuvo. Conocía muy bien a esa mujer, nunca se la hubiera imaginado como esposa de su ex. No la conocía por su nombre, sólo por su apariencia. Había vivido en el mismo edificio que ella durante mucho tiempo, lo que significaría que tal vez ya desde aquellos tiempos su ex le habría sido infiel y ella nunca se había dado cuenta de tal patraña. Podía entender recién algunas actitudes que su ex había tenido con ella cuando vivían en aquel edificio en sus diez primeros años de matrimonio. Por eso su ex no había querido vender el departamento, sino alquilarlo para poder tener una excusa y visitar a su amante por lo menos varias veces al mes y con el pretexto de que el inquilino no pagaba y había que ejercer cierta presión sobre él.
Pensó tanto en ese par de minutos antes de que se diera inicio a la ceremonia. Saludó a su hija y a su nuevo yerno, como a los consuegros que ahora eran cuatro. El acto no fue muy rápido, pero ella no dejó de pensar en la nueva esposa de su ex, tanto que su hija le dijo, ¿Mamá qué pasa? ¿No me das un beso para felicitarme?
Los presentes bebieron una copa de champaña brindando por los novios antes de ir a un restaurante para celebrar la boda. A la salida, los pocos invitados juntos bajaban las escaleras, pero en el peldaño treinta y ocho, doña Marlene tropezó, su marido no le soltó la mano para su suerte, pero en su caída empujó a su ex y a su nueva esposa, que cayeron rodando por las escaleras golpeándose varias veces la cabeza. La ambulancia llegó y se llevó a la pareja totalmente inconsciente. Doña Marlene tenía los dos tacos rotos de sus zapatos. Nadie levantó alguna acción penal en su contra. Todo fue visto como un accidente. Ella seguía pensando en los tiempos en que vivía en aquel edificio. No se lo contó a nadie.
31/3/2010
Seppuku
Ricardo se había despertado con una lucidez admirable. Cada comentario que hacía parecía una frase sacada de un libro de filosofía oriental. Decidimos ir a desayunar a una café del centro de la ciudad, Todos nos mirábamos sorprendidos al escucharlo opinar sobre las distintas cosas que hablábamos, pero para no fastidiarlo no le decíamos nada. Tomamos mucho café con leche e infinitas tostadas con mantequilla y mermelada. Ricardo fue el único que pidió té y pan del día anterior. El mozo lo miró extrañado, pero lo satisfizo porque efectivamente todavía no se habían llevado el pan viejo.
- Ya, déjate de payasadas, le dijimos.
Él nos miró y comenzó a hablarnos en japonés. Eso dijo Walter, que se reía porque entendía lo que Ricardo decía.
- ¿Qué te está pasando, Ricardo?
Ricardo de la noche a la mañana se estaba volviendo japonés, y no un japonés cualquiera, sino uno tipo samurai.
Pagamos entre todos, Ricardo pagó en yenes. Nos reímos, pero él estaba más serio que nunca, pagamos por él y nos levantamos de la mesa.
Todo el regreso nos habló en japonés, Walter ya se había ido, por eso no le entendíamos nada. Nos despedimos de él con un abrazo y con cierta pena. Pensamos que se estaba volviendo loco.
Cuando nos reencontramos por la noche, nos dimos con la sorpresa de que Ricardo se había suicidado. Se había practicado el seppuku. Había abierto su vientre no con una espada ceremonial sino con el único cuchillo que teníamos en la cocina.
01/04/2010
Las pulgas de la Brenda
Cuando murió la perra heredó todas sus pulgas. Sumaron exactamente 75 y cada una acabó muerta entre sus uñas o aplastada en la pared. Fue una tarde en la que Gustavo no salió de su cuarto para dedicarse a esa actividad pulguicida. En toda la casa, de los cinco que formaban la familia, únicamente él fue atacado por esas pulgas, por eso decidió encerrarse en su habitación con una taza de agua y echándose en su cama posaba un brazo descubierto sobre el suelo esperando que las pulgas cayeran en la trampa y se le subieran. Luego las atrapaba entre sus dedos que antes los humedecía metiéndolos en la taza, el agua las ponía tontas, y entre las uñas las dividía en dos para tener la seguridad de su deceso. En algunos casos las aplastaba con el dedo pulgar en la parte inferior de una de las paredes de su cuarto. De ese modo fue matando una por una. Su perra había sido tan dócil y simpática, alegre y coqueta. Pero un día se enfermó y en pocos días se murió. Existía la sospecha de que un vecino le había dado veneno en un pan simplemente por maldad. Al morir la dulce Brenda, Gustavo vio que todas las pulgas saltaron de su cuerpo abandonándolo y se instalaron en su dormitorio. Podría haberlas conservado porque ellas por lo menos tenían un poquito de la sangre de su perrita querida, pero en realidad ya comenzaban a tener más sangre suya acabando con su paciencia. Le provocaban unas enormes ronchas que no paraban de picarle. Las fue matando y contando una por una. Cuando llegó al número 75 sintió que recién había muerto definitivamente su juguetona perra. Aspiró y trapeó el piso de su cuarto con mucho cuidado. Lo enceró. Tomó un largo baño y cuando regresó viendo su dormitorio tan limpio recién lloró la pérdida de su fiel compañera.
02/04/2010
Soplar y soñar
Por la noche Porfirio se acostaba y apagaba la vela. Se había acostumbrado a no usar energía eléctrica. Se ponía a pensar en cosas que le gustaba hacer como bañarse en el río, jugar con los pescaditos que huían tan rápidamente, se acordaba de sus padres que tanto lo querían y así se iba adormeciendo arrullado por los recuerdos y explorando playas fluviales imaginarias que lo introducían en sueños placenteros y reconfortantes. Se despertaba muy temprano, pero se quedaba en la cama hasta que el primer rayo de luz entrase por su ventana. Se lavaba la cara y los dientes con el agua que cada día recogía de una fuente natural. Bien peinado se iba a desayunar a la casa de doña Hermelinda, ella le preparaba unos huevos fritos, le daba medio litro de leche con café y una buena tajada de pan de centeno con mantequilla. Volvía a su casa, cogía una botella de agua, su bastón de pastor, su sombrero y se iba a buscar las cabras que poseía Don Melchor, su patrón. Las llevaba a pastar, junto con un par de perros que vigilaban muy bien el rebaño.
Así trabajaba cada día Porfirio hasta casi las cinco de la tarde en que regresaba al caserío a comer siempre una buena sopa, un poco de carne, un pedazo de queso y pan de maíz. Bebía casi un litro de vino durante la cena. Se despedía de doña Hermelinda y se iba a su casa. Se lavaba las manos y los pies. Calzaba un par de zapatos viejos y se sentaba en el sofá que había heredado de su padre para observar algunas páginas del único libro que tenía y que lo había encontrado entre la basura que un grupo de turistas había dejado en medio del prado. Porfirio no sabía leer y le daba lo mismo si el libro estuviera en castellano o en cualquier otro idioma. Él contaba letra por letra diferenciándolas, ya iba por las cuatro mil as, tres mil trecientos es, doscientas tes, cien jotas, cuarenta y cinco equis, y así se iba entreteniendo. Sabía que los grupos de letras que se repetían mucho eran the, an, with, of, and, or, is, are. Lo atormentaba decidir qué hacer cuando un mismo signo aparecía en un tamaño más grande. Él quería aprender a leer solo, se había puesto ese reto, por eso en secreto guardaba el libro que en la línea superior tenía las siguientes letras y en este orden James Joyce. Porfirio pensaba que cada letra era una hormiga y cada página un ejército bien formado de hormigas sumamente disciplinado para defender su hormiguero. Cuando se le metía la idea de que un día todos esos insectos se escaparían del libro lo cerraba y se reía. Se iba a la cama, apenas que se sacaba los pantalones y antes de cubrirse con una manta gruesa de lana, estiraba un poco su cuello, se acercaba al platito de la vela y soplaba como aquellas pocas veces en que había celebrado su cumpleaños de pequeño con una torta de naranja que le había preparado su madre. Era como una fiesta para el soñar. Tal vez su mejor momento del día.
03/04/2010
10/04/2010
Otras letras
No leía casi nada, ninguna lectura lo entretenía. Se puso los anteojos porque no veía bien las letras, pero no eran letras sino hormigas sobre un papel blanco. Un buen par de horas se quedó mirándolas. Iban de un lado para el otro formando textos dinámicos que no necesitaba entender, pero que bien que la pasó. Por eso cuando le preguntaron por lo que había hecho la tarde anterior, él decía leí dos horas seguidas, como nunca.
10/04/2010
Delegado
Eligieron a Alejandro como delegado de la clase porque se atrevió a decir algunas verdades en las que todos estábamos de acuerdo. Sin embargo, emocionados por su discurso no nos dimos cuenta de que no proponía ninguna alternativa para resolver los problemas que él mismo planteaba.
Siendo delegado y a la hora de decidir qué hacer al frente de las autoridades y de los diferentes pedidos que le hacían los alumnos comenzó a caer en contradicciones. Muy confundido y desorientado le pidió consejos al antiguo delegado que lo ayudó a cambio de unos favores. Se puso fuerte frente a los que lo criticaban, hasta llegaba a los golpes porque no tenía ningún otro argumento para defender sus ideas Se juntó a los más violentos de su clase y favoreciéndolos a ellos, los demás lo obedecieron. Ya no discutía con nadie.
En las siguientes elecciones también ganó, su discurso fue muy breve. No dijo nada. No tuvo rivales. Aprendió a proteger su puesto de delegado, aunque nunca resolvió los problemas de nadie. De allí en adelante se convirtió en un político de carrera.
13/04/2010
Matrimonio
Las mujeres no lo dejaban tranquilo. Lo llamaban día y noche. Él se escondía de ellas. estaba cansado de tener relaciones que sólo duraban un par de días. Nadie lo tomaba en serio. Decidió casarse con su mejor amigo para que nadie lo molestara. Ninguno de los dos era homosexual.
13/04/2010
Queso
Comía tanto queso que todo él olía a pie. Por eso en su cumpleaños le regalaron una media del tamaño de todo su cuerpo y una cama en forma de zapato.
13/04/2010
La fama
Ramírez durante el primer día de clases en su nueva escuela salió al recreo y se sentó en una banca para leer su libro preferido: El viejo y el mar, pero vio a dos estudiantes de su misma sala que estaban compitiendo para ver quien era el que escupía más lejos. Ramírez se levantó y se les acercó. Los dos lo miraron. Se paró al lado de ellos. Inspiró profundo yendo a extraer la abundante flema verde amarillenta de su resfriado y escupió tan lejos que su fama se quedó colgada en una rama de un árbol bastante alejado. Los dos colegas lo miraron sorprendidos y dijeron:
- Buaj! Ganaste.
Desde ese día los tres se hicieron grandes amigos.
13/04/2010
Psiquiatra
Antes de atender a sus pacientes el Dr. Hernández se persignaba dos veces, una para que a ningún loco se le ocurriera matarlo y la otra para que él mismo no tuviera ningún arranque homicida. Había estudiado psiquiatría con mucha dedicación porque él sabía que sufría de alguna enfermedad mental y que la había sabido ocultar durante todos los años de estudios. Pero ahora que ya era todo un profesional se automedicaba y controlaba su demencia de tal manera que a nadie se le habría de ocurrir que el Dr. Hernández, la eminencia médica, adolecía justamente de los males que él mismo trataba de curar. Era perfeccionista en todo y su consultorio era un ejemplo del orden. Todas las cosas estaban correctamente en su lugar y cuando no lo estaban es que el Dr. Hernández se ponía demasiado ansioso. Pedía permiso y se encerraba en la casa de baño para tomar una pastilla. Era la persona más amable que podía existir y sus pacientes lo adoraban como a un dios. Sin embargo el Dr. Hernández en su casa se comportaba como un dictador. Su cónyuge no podía hacer absolutamente nada sin su consentimiento. La casa brillaba de limpia y sus pequeños hijos estaban prohibidos de salir de sus cuartos para evitar la posibilidad de algún desorden. Su esposa que había sido siempre una persona muy alegre desde que se casara comenzó a tener una serie de depresiones que el Dr. Hernández trató con una diversidad de comprimidos que a pesar de tenerla como a un zombi ella mostraba una eterna sonrisa.
Antes de atender a cada paciente, el Dr. Hernández ordenaba una vez más las cosas de su escritorio. Se miraba la cara en un espejito que tenía guardado en el bolsillo de su camisa. Se peinaba meticulosamente con la raya al medio. Se lavaba las manos tres veces seguidas con desinfectante. Se persignaba dos veces, como dije al inicio, y luego de todo ese ritual recién le avisaba por el intercomunicador con una voz pausada a su secretaria que ya estaba listo para atender al siguiente paciente.
15/04/2010
Doping
Cuando jugaba fútbol de niño me ponía estúpidamente muy nervioso por la presión que ejercían mis compañeros de equipo sobre cada jugada. Al momento de decidir qué era lo que debía hacer con la pelota, si hacer un pase corto o disparar al arco enemigo, defender la bola lanzándola para fuera o rompiendo con todo y hacia cualquier lado, me ponía muy nervioso. Era un stress exorbitante e inconcebible en un niño de once años. Por esa razón tomaba unas gotas que eran el alivio para mi mal. Era un calmante inofensivo, pero para mí muy eficaz y me relajaba tanto que cuando jugaba fútbol ya no me interesaba nada. Jugaba tranquilo y me importaba un pepino si me equivocaba o no, de ese modo pude controlar aquellos difíciles momentos de presión social infantil. Después nunca necesité de nada para estar tranquilo. Ya con esa edad me di cuenta de que no valía la pena darle tanta importancia a cosas estúpidas. Esas gotas me sirvieron para toda la vida, su efecto continuó siempre.
16/04/2010
La cura
Tenía muchos carros y los usaba según el color de sus cabellos. Solía pintárselos a menudo y no escatimaba en escoger los tintes. Un tiempo se volvió muy espiritual y se rapó la cabeza. Anduvo a pie como cualquier otro peatón pobre o ecológico. Se la pasaba pensando en cómo gastar su dinero de un modo más inteligente. Entró en una severa crisis existencial y tuvieron que internarlo de urgencia en un manicomio. Ahora los locos de su hospital son los tipos más felices porque él ha decidido gastar su dinero en ellos. Cualquiera diría que se curaron todos, pero no desean salir nunca más de allí.
16/04/2010
Esperanza
Sabía que era el último animal de su especie y se estaba muriendo. Nadie lo acompañaba en sus minutos finales. Sin comer por varios días y sin beber se iba deshidratando hasta un nivel imposible de poder sobrevivir. En el delirio recordó sus peores pesadillas, se la había pasado casi toda su vida huyendo de los hombres que lo perseguían por su carne sabrosa. Su infancia surgía en la neblina de sus pensamientos como un tiempo tan remoto, mágico en sus primeros momentos, lleno de amor y de cariño. Su madre tan preocupada por su crecimiento, mientras su padre le llevaba su comida preferida. Le encantaba la oscuridad de su nido, el calor que lo abrigaba y la presencia constante de su madre que lo arrullaba y lo despiojaba con suma delicadeza. Qué breve periodo paradisíaco.
Le dio un espasmo. Todo parecía que su muerte era inminente. Convulsionó varias veces. Adormeció.
Cuando despertó y logró abrir los pesados párpados se dio cuenta de que estaba rodeado de algunas personas vestidas de blanco y que no se podía mover. Un par de sondas lo mantenían ligado a una máquina. En su torpe vista distinguía algunas imágenes de otros animales parecidos con él y en una jaula escuchaba el ruido característico que emitían las hembras de su misma especie. Sentía que el instinto lo revitalizaba de una manera milagrosa. Con los días se fue recuperando ante el asombro de los científicos. En un par de semanas estaba bien instalado en la jaula de la majestuosa hembra que lo miraba fijamente como hipnotizada. Él hizo todo el ritual apropiado para que ella lo recibiera como su novio oficial aunque no tuviera a ningún rival con quien competir. Ella lo aceptó sin remilgos y se casaron casi de inmediato. Sin tapujos frente a la vista incrédula de los diversos especialistas se inició el acto amoroso, un paso transcendental para la recuperación de esta ya dada por extinta ave. De los cuatro grandes huevos que empollara la feliz hembra nacieron Pilipí, Menita, Vánili y Guilicio.
Quién iría a pensar ahora que de allí hasta los tiempos actuales no sólo esa especie volvió a su hábitat original, sino que dejó de estar en peligro de extinción. Nacieron tantos que dejaron de ponerles nombres y hasta se despreocuparon por su futuro evidentemente protegido. A nadie se le ocurrió atentar contra la vida de alguno de ellos, la pena era tan fuerte que se les quitaba todas las ganas de comérselos. Entendieron con el tiempo que vivir en armonía con la naturaleza implicaba un respeto inviolable. Ojalá que todas las especies en peligro tengan la misma suerte.
18/04/2010
Piratas nobles
A Hugo, un tipo que escribía muy buenas novelas, le llegaba un paquete con dinero cada cierto tiempo. A veces mil dólares, otras mil quinientos o tres mil. Se lo dejaban en su caja postal y sin ninguna explicación. Hugo primero ni los tocaba, pero después de unos meses comenzó a gastarlos porque simplemente no tenía otro recurso para pagar las diferentes facturas de su confortable vida que le aparecían todos los fines de mes.
Una tarde que estaba firmando autógrafos en una galería comercial un muchacho se le acercó con una copia pirata de su última novela y le pidió para que también la autografiara, pero Hugo le dijo, de ningún modo, yo no firmo libros piratas. El muchacho le susurró algo muy discretamente, Hugo cambió de opinión y sacando su lapicero le escribió la siguiente frase: Para Jaime con el mejor de los agradecimientos y deseándole lo mejor en los negocios. A partir de allí autografió todos los libros que le acercaban sin hacer ninguna discriminación.
20/04/2010
Lloro
Lloro cuando pelo cebollas. Lloro cuando dejo por mucho tiempo los ojos abiertos sin parpadear. Lloro tanto que de lo que bebo nada me queda. Todo sale por mis ojos convertido en lágrimas, el agua, el jugo de naranja, la leche helada, la coca cola, la sopa, las grandes limonadas, las cervezas incontables. Mis lágrimas no son saladas, saben a fin de semana, a miel de tarde, a extracto de noche.
Cuando estoy triste de veras, mis lágrimas se quedan dentro de mí, para ahogarme.
22/04/2010
Lejanía
Para Rosa Haro
Se dio un golpe en la cabeza. Desmayó. Se recuperó de inmediato, pero ya estaba predestinado a sufrir una profunda alteración en su comportamiento. Comenzó a vernos como si fuéramos seres muy lejanos y nos observaba a pesar de estar a su lado con unos prismáticos. Por más esfuerzo que hacíamos en gritarle no nos escuchaba. Nos hacía gestos como si todo un mar nos separara entre dos islas. Lo tocábamos para que sintiera nuestra presencia y dijera algo. Era como palpar la distancia, el aire, la nada. Convulsionaba. No pudimos ayudarle a volver a ser normal. Una tarde le dijimos adiós siguiéndole su juego, su lógica, su lenguaje. Él se puso los prismáticos, nos miró como si ya no hubiera nadie, limpió los lentes en vano, no logró vernos más y eso se hizo real porque tuvimos que internarlo. Es curioso que ahora que la casa está sin él, nos parece más cercano.
23/04/2010
Sueño
Soñé contigo. Nos amábamos. Cuando desperté tú estabas durmiendo a mi lado y yo no quise incomodarte por eso me volví a dormir y soñé de nuevo que estaba contigo, que nos besábamos locamente. Al despertar tú ya no estabas a mi lado. Ni siquiera había algún indicio de que hubieras estado allí. Desolado me dormí y volví a soñar contigo, qué hermoso sueño. Al despertar finalmente estabas tú, pero yo no. Ahora me ando buscando para poder amarte.
25/04/2010
De atrás
Los espejos sólo mostraban la parte de atrás de las personas: la nuca, la espalda, el trasero, los talones. Habían desaparecido las caras porque sólo las utilizaban para mentir y ya nadie creía en ellas. Las personas cuando caminaban daban la impresión que estaban regresando, pero no, así se dirigían de espaldas a todos los lugares. Las caras se fueron apagando poco a poco hasta quedar reducidas a su verdadera y única expresión, la tristeza. Daba nervios ver cómo los codos se doblaban en la dirección contraria, las rodillas. Pero preferimos vivir de ese modo que continuar a soportar la mentira que tanto costaba mantener en los músculos de la cara que se agarrotaban de tanto esfuerzo para simular la persistente sonrisa que teníamos que mostrar a la sociedad.
26/04/2010
El desescribidor.
Vivía obsesionado con la idea de escribir un relato muy breve. Soñaba que con el mínimo número de palabras podía decirlo todo. No era Borges, ni ningún escritor famoso y tal vez ni siquiera era un escritor porque apenas que usaba las palabras. Transpiraba impotente porque su mente le decía la imposibilidad de su proyecto. Hasta que un día se atrevió a hacerlo. Escribió rápidamente una historia intensa, pero breve, después eliminó todo lo secundario, lo adjetivo. Borró las preposiciones, conjunciones, los adverbios, los verbos, los vanos sustantivos. Al final cuando quiso leer su texto no le había quedado nada.
Montó un espectáculo que comenzaba cuando subía al escenario con un papel y un lápiz; y entraba en el proceso de reescribir su relato cero. Escribía siempre la misma historia, la leía con su sonora voz y luego pensando en voz alta se desprendía de todas las palabras que le sobraban. Acababa después de una hora completamente agotado como si todo el idioma hubiera desfilado en su mente. Saltaba del palco y les entregaba a todos una hoja en blanco, en la que, según él, había pasado en limpio el resultado de su arduo trabajo creativo. Los asistentes se llevaban, como si de un tesoro se tratase, la impecable hoja Bond de 80 gramos. Ni siquiera se atrevían a doblarla.
28/04/2010
¡Golpe!
Le pasa la bola Jiménez a Morales. Éste no pierde tiempo. Se lleva a uno, dos, tres… El arquero se queda parado… y… ¡Gol ¡Goooooooooooooool! ¡Qué golazo!. ¡Ganamos y en la última jugada! ¡Acabó el partido!
Enrique apagó la radio y aceleró. Pasó a uno, dos, tres carros. El velocímetro indicaba 200 kilómetros por hora. Llegó a su casa más temprano de lo que estaba calculado. Quería celebrar. Entró silenciosamente y descubrió a su mujer con un amante. No hizo escándalo. No se dieron cuenta de su presencia. Se subió al carro y alejándose prendió la radio:
…esa jugada fue realmente divina, nos clasificamos. Morales estuvo grandioso…
29/04/2010
Fantástico
De la sabiduría que tenía ya no le quedaba nada. La perdió por saber mucho y allí estaba el defecto. Como un juego en que se tiene que acertar en el número exacto y no en otro. Ni menos ni más. Él se pasó. Sabía lo que no tenía que saber. Y se le quemaron las ideas. Casi se le achicharra hasta el cerebro. Un humito le salió por las orejas, ése que desanima por completo y que huele a lucidez podrida. Y por más que sus amigos hicieron de bomberos, el fuego interior ya le había destruido toda la razón y el sistema lingüístico.
En el mundo de los sabios hay secretos que no se pueden saber. Él tuvo suerte después de todo. Por lo menos una palabra se le había quedado en la mente: Fantástico!
Le preguntaban por si se sentía bien y él les decía: Fantástico. ¿Vamos a comer?: Fantástico. Se murió tu tío Raúl: Fantástico. Tienes muy poco dinero en tu cuenta: Fantástico. Hubo terremoto en tu país: Fantástico. La persona que te cuidaba se fue: Fantástico. Te vas a tener que quedar solo: Fantástico.
Tuvo que morir como todos, pero en un asilo de enfermos mentales. Asesinado por un demente que no soportaba oírle más decir fantástico cada vez que le confesaba que su mujer lo había dejado por otro. Intentó gritar mientras lo asfixiaban, pero no dijo la palabra completa, se quedó en fan…
30/04/2010
Laboratorio
La sociedad encargada de controlar el crecimiento de seres vivos en el planeta había recibido la recomendación del laboratorio psico-social para ejecutar las medidas adecuadas para poder mantener el buen nivel de felicidad del planeta. La principal fábrica de elaboración de carne no procedente de ningún animal vivo lanzaría un producto nuevo con sabor y consistencia de lomo de ternera para intentar contrarrestar la depresión ocasionada por la aniquilación de un considerable porcentaje de la población mundial. La cara del líder mundial se mostraba en todas las mentes de los habitantes con una expresión de ser el primer afectado por esas medidas equilibradoras, pero igualmente acababa su discurso con una gran sonrisa porque estaba asegurada la perpetuación de la especie humana. Y todo se los explicó con una simple fórmula matemática. Su aparición apenas duró algunos segundos. En esa tarde se repartieron miles de pastillas de autosatisfacción sexual y otras tantas de lavado de memoria para olvidar rápidamente el dolor por la pérdida de tantos seres queridos.
30/04/2010
El encuentro
Por las noches se mantenía despierto para poder subir al techo de su casa e intentar ver en el cielo alguna señal extraterrestre. Se había familiarizado con las estrellas fugaces y se sabía de memoria la ubicación de las diferentes constelaciones. Se molestaba cuando pasaban los aviones y más cuando volaban muy bajo. El helicóptero de la policía sí lo sacaba de quicio y maldecía a los delincuentes que originaban esa búsqueda policial.
Se tendía sobre un colchón duro que había colocado para poder observar el firmamento sin tener que sufrir ningún dolor de columna. Cuando notaba algo extraño usaba sus prismáticos. Su sueño era tener un telescopio, pero su bolsillo aún no se lo permitía.
Una noche en que a simple vista se podía notar y reconocer la mayoría de los astros, se quedó dormido y soñó que una nave había descendido para llevárselo, él se había ido sin resistir, porque toda la vida había esperado por ese momento. Un par de gatos que peleaban escandalosamente lo despertaron, y en vano intentó volver a meterse en el sueño deseado. Se levantó renegando y decidió irse a dormir a su cama, pero al doblar el colchón para guardarlo tropezó y se cayó del techo. El ruido que produjo al destruir una cobertura de calaminas despertó a todo su vecindario. Totalmente inconsciente fue llevado por un helicóptero (de esos que odiaba) hasta el hospital y allí sólo le salvaron la vida porque nunca más pudo moverse, ni hablar, se quedó paralítico. Y en el transcurso de los días se fue hinchando tomando la forma de un extraterrestre, opinaban los médicos. Una sobrina que se quedaba cuidándolo y que conversaba con él, o al menos le hablaba como si él le entendiese, una tarde le puso un espejo para que pudiera verse y tener una idea del estado en que se encontraba. El logró ver su cara tan deformada que parecía realmente un E.T. y la sobrina luego contó que él se se había quedado mirándose como sorprendido primero y que luego le surgió una sonrisa tan marcada que le duró casi un minuto. Y falleció.
03/05/2010
Desde que lo despidieron y su mujer lo dejó
Se levantaba a las seis de la mañana y a la seis y media ya estaba encima de su bicicleta rumbo a la playa. No importaba lo que el servicio de meteorología pudiera predecir. Pedaleaba sin parar paralelo al mar hasta llegar a su destino: “La playa de la Esperanza”. Eso le tomaba unas seis horas. Llegaba y almorzaba en un restaurante lo mismo de siempre: un plato de sopa, pescado frito, arroz y ensalada. Bebía una taza de té mientras escribía en su diario la misma anotación cada día: Hoy pude hacer lo que quería. Sólo pienso en que también mañana lo pueda hacer. Cerraba su cuaderno. Guardaba su lapicero. Pagaba la cuenta dejando un euro de propina. Se levantaba para lavarse las manos y la cara. Luego montaba su bicicleta y comenzaba el camino de regreso a su casa. Se demoraba dos horas más porque la mitad del trayecto era de subida. Al llegar a su domicilio dejaba la bicicleta en el garaje. Se daba una ducha. Se ponía el pijama. Comía un sándwich de queso y bebía dos tazas de té. Se lavaba los dientes, rezaba un Padre Nuestro y se metía en la cama. Dormía casi de inmediato hasta las seis de la mañana del día siguiente.
03/05/2010
El estilo
Rolando escribía muy bien. Su estilo era único. Sus personajes no eran héroes. El fracaso y la frustración brillaban en sus relatos. Sus lectores acababan angustiados por las situaciones extremas de decadencia que describía. Un mundo desolado y sin esperanza se extendía por cada página de sus libros. Sin embargo, Rolando poseía un vocabulario envidiable y un modo de contarnos cada novela que a pesar de saber que nos deprimiríamos en todo el desarrollo y el desenlace de su narración, lo leíamos con placer, adictos a su prosa.
Un día alguien le sugirió para escribir una historia bonita con final feliz, pero el resultado fue un mamarracho. Estaba irreconocible. Cometió muchos errores no sólo sintácticos, sino también de sentido. Le faltaba coherencia. Parecía perdido en un universo totalmente desconocido para él. Parecía un pez fuera del agua. Nos dimos cuenta de que Rolando sólo podía escribir cosas deprimentes. Su talento residía en describir personajes mediocres metidos en acciones sin ningún tipo de transcendencia. Rolando no servía para otra cosa. Se encargó de añadir más antihéroes ficticios a un mundo que ya estaba lleno de ellos en la vida real, pero con la maestría propia de un artista fuera de serie.
06/05/2010
Lily, la chica de cinco piernas
Las personas se asombraban cuando contaban la historia de Lily, la niña que había nacido con cinco piernas, pero ella siempre estuvo orgullosa de ser como era.
Nació así, con cinco piernas. Sus padres se asustaron primero, pero después de saber que Lily estaba sana se fueron olvidando de la deformidad de su hija. Cada sonrisa de Lily era lo mejor que les podía pasar y se acostumbraron a vivir con una hija que caminaba con cinco piernas bien constituidas. Si bien la comunidad entera quiso ver con sus propios ojos al fenómeno de la naturaleza humana, con el tiempo dejó de ser noticia. Lily tenía una personalidad muy especial. Desde muy niña aprendió a hablar correctamente y a contar historias sobre ciempiés y milpiés que eran el deleite de las personas que la escuchaban. Ella tenía un cuerpo perfecto a pesar de caminar con cinco piernas. Era muy femenina y sus piernas eran bellas. Cuando iba a una zapatería con su padre escogía un par de zapatos y la vendedora que no se había percatado de la naturaleza física de Lily le preguntaba si prefería para probarse el zapato derecho o el izquierdo. El papá le respondía con otra pregunta, ¿el izquierdo anterior o posterior? ¿o el derecho anterior o posterior? ¿o el central? La vendedora no entendía nada, pero cuando Lily le mostraba las piernas, abrió la boca de asombro, y le pidió disculpas. Tenía que adquirir tres pares de zapatos, así calzaba los cinco pies y le quedaba uno de reserva, en su próxima compra si quería el mismo modelo sólo llevaría dos pares.
La costurera le hacía unos pantalones apropiados para su cuerpo de cinco piernas. Sus padres preferían que usara pantalones y ella así fue como se vistió durante casi toda su infancia y adolescencia. La llamaban la centaura o la octopus, pero ella no tenía ninguna característica equina, era una mujer bella y no tenía cuerpo de pulpo. Sus pies eran finos y muy bonitos.
Ganó muchas amigas y amigos en el colegio, y era una verdadera atleta. Venció en todas las competencias. Brillante en sus estudios destacó por sus trabajos en ciencias sociales. Fue una excelente bailarina y con los años tuvo muchos pretendientes anormales como ella, pero Lily desde que comenzó a usar vestidos y faldas decidió aceptar a un muchacho que era normal. Y luego de algunos años de enamoramiento se casó muy feliz. La mayor parte de los regalos que recibió fueron zapatos. Su marido pensaba en abrir una zapatería, pero sólo lo decía bromeando.
07/05/2010
La paloma
Pasaban una paloma de mano en mano y donde ella se decidía defecar se imponía la justicia. De inmediato ejecutaban a esa persona y nuevamente encerraban en sus celdas a todos los condenados hasta la semana siguiente.
04/06/2010
Pez vaca
Era un acuario con el agua totalmente blanca, parecía leche. Allí vivía el pez vaca, me dijeron.
04/06/2010
En la cima de la montaña
Llovía tanto que el pueblo poco a poco se iba hundiendo y toda la gente desde lo alto de una montaña con la luna que de vez en cuando se asomaba miraba absorta cómo perdía sus propiedades.
Tendremos que organizarnos de otro modo gritó el alcalde, ahora sólo nos queda esta cima de la montaña y la compartiremos entre todos para poder sobrevivir hasta que alguien venga a rescatarnos.
- Por lo menos de sed no nos moriremos, dijo una viejita que estaba sentada sobre un tronco de árbol.
- Me alegra, dijo el alcalde, que mantengamos el buen humor, pese a la catástrofe que hemos sufrido.
Una señora que sostenía con sus dos manos un sobrero rojo intervino:
- Lo más importante es que todos hemos sobrevivido.
- Yo no sé cómo he podido correr tanto y salvarme, dijo un viejito con un bigote larguísimo.
- Demos gracias a Dios, exclamó eufórico el padre del pueblo.
Los 69 habitantes de Pueblo Grato se inclinaron y bajando la cabeza repetían las oraciones que el Padre apenas podía pronunciar por la lluvia. Todos pedían para que el agua no cubriera la montaña.
Luego de dos días de lluvia seguidos amaneció el cielo despejado y un sol hermoso brillando.
Apenas se veía la punta de la montaña sobresaliendo de la gran laguna que se había formado. Casi abrazados a ella los 69 habitantes continuaban implorando por su salvación.
Un helicóptero sobrevolaba el área sin encontrar sobrevivientes. Sólo el agua azul reflejaba el inmenso cielo. Sin esperanzas la nave desapareció regresando a su base en la ciudad más cercana.
- Esa nave ha sobrevolado sobre nuestras cabezas y no nos ha visto, gritó el alcalde.
- Continúen rezando, vociferó el padre. Sólo nuestra fe nos salvará.
El nivel del agua comenzó a bajar considerablemente en el transcurso de la mañana. Por la tarde la ciudad emergió y las aguas se evaporaron como por obra divina en un corto tiempo.
- Dios es grande, gritaba el padre.
- Pero cómo vamos a bajar de este sitio. Está demasiado alto y empinado.
Desde la cima de la montaña observaban cómo entraban diferentes personas en la ciudad y se llevaban todo lo que podían como si fuera una ciudad fantasma. Cuando a uno de esos saqueadores se le ocurrió mirar hacia la punta de la montaña y señalándola avisó a los otros de la presencia de los sobrevivientes.
En pocos minutos todos los saqueadores apuntaron sus rifles de largo alcance hacia arriba y con 69 disparos bien dirigidos acabaron con los habitantes de Pueblo Grato que progresivamente fueron cayendo desprendiéndose de la santa montaña que los había salvado de la catástrofe, fueron rodando como uvas sin esperanzas de dar algún vino.
Cuando dentro de una humilde casa un agricultor se despertó gritó:
- Estamos vivos. Nos hemos salvado. Ya podemos bajar. Dios nos ha escuchado. Todo ha sido un sueño que tuve. Una pesadilla, una horrible pesadilla.
- Cállate, Ernestino, vas a despertar a los niños. Todavía es temprano, le recriminó su esposa.
El agricultor se levantó. Fue a la cocina y bebió un vaso de agua. Se lavó la cara. Miró por la ventana. Estaba lloviendo… Vio la cima de la montaña y allí por momentos se asomaba la luna.
05/06/2010
Joselito y el mar
Joselito desde bebé había vivido muy junto al mar. Su madre sin recursos se había instalado en una cabaña abandonada que probablemente a algún pescador se le habría ocurrido construir para guarecerse en las noches frías. Allí madre e hijo se acostumbraron a depender del mar para poder sobrevivir. La mujer se las ingeniaba para pescar con un hilo de pesca que había encontrado en la orilla escarbando en la arena por casualidad. Joselito la ayudaba en todo. Aprendieron a capturar cangrejos y pulpos por los peñascos que el mar dejaba a descubierto cuando la marea estaba baja. Nunca se preocuparon por el dinero porque con lo que pescaban lograban comer bien y lo que les sobraba lo cambiaban por las cosas que necesitaban. Así se aparecían en una panadería con una docena de cangrejos y el panadero les daba pan para una semana. A una verdulera le daban un buen par de pescados y ella les proporcionaba las hortalizas que le pedían para poder complementar su dieta alimenticia. Todos los conocían porque jamás pedían dinero y parecía que vivían muy felices con su sistema de vida.
Cuando su madre murió, luego de tres meses de estar enferma, ya estaba viejita también, Joselito la enterró al lado de la cabaña, donde yacían enterrados los diferentes perritos que habían aparecido alguna vez para hacerles compañía. Era su pequeño cementerio. Al comienzo le costó vivir solo, pero como tenía mucho que hacer para poder conseguir sus alimentos se distraía con facilidad. Era consciente de que la gente lo veía como un bicho raro y de que lo aceptaban porque nunca había hecho daño a nadie ni había creado problemas. Lo conocían desde bebé, porque su madre lo había llevado siempre cargado sobre su espalda. Lo habían visto crecer y hasta le habían ofrecido trabajo para ganar su dinerito, pero su madre le habría dicho que rechazara todas esas propuestas miserables que nada de bueno le irían a traer, el mundo del dinero era malo.
Un tarde Joselito se fue a pescar algo para poder comer. Cogió su hilo de pescar, una red y un balde. Al llegar al lugar donde solía pescar mientras arreglaba el anzuelo escuchó una voz que le decía:
- Joselito, tienes que abrir los ojos.
Joselito miró hacia todos lados para saber de donde provenía esa rara voz.
- ¿A quién estás esperando encontrar?, dijo nuevamente la voz.
- ¿Quién me está hablando? - Joselito agarró un palo como para defenderse de algún ataque.
- Soy yo, el mar.
- ¿Cómo puede ser el mar, si el mar no tiene boca para hablar?
- Soy el mar que se comunica contigo en la forma que me puedas entender.
- Pero, ¿qué es lo que quieres de mí?, preguntaba nervioso Joselito.
- Tú siempre has vivido de lo que yo te doy y todo lo que me sacas lo llevas y lo cambias en el mercado por otras cosas que necesitas. Pero a mí nunca me das nada, ni haces por mí.
- ¿Qué es lo que quieres que te dé? – Joselito lo miraba asustado.
- Tienes que cuidarme. Tienes que luchar para que me respeten y no me traten mal.
- ¿De qué manera puedo hacer eso?
- Hablando con los otros pescadores para que no pesquen tanto y no acaben con las especies marinas. Exigiendo a la gente para que no me contamine con sus desperdicios y con tantos residuos industriales que vienen a parar a mí también a través de los ríos.
- Pero, ¿por qué recién me lo dices?
- Porque necesitas una razón para vivir y también una buena compañera que yo te daré.
Del mar salió una mujer bellísima totalmente vestida con algas. Joselito no podía salir de su asombro.
- Jura que lucharás por mí, le exigió el mar.
- Lo juro. Lo juro.
De un momento a otro volvió el silencio. Joselito no podía creerlo. Tenía a su lado a una mujer hermosísima quien de inmediato lo ayudó a pescar. Luego fueron para la cabaña. Sin perder tiempo se fue donde una costurera y cambió parte del producto de su pesca por unas ropas de mujer. Regresó a la cabaña y ya tenía la cena lista. Le pidió a su nueva compañera para que se pusiera un vestido porque no podía estar desnuda. La gente se burlaría de ella. Pero ella le dijo riéndose que no se preocupara porque nadie la podía ver, que sólo estaba hecha para sus ojos.
Joselito fue el hombre más feliz de la tierra y a partir de ese día inició su lucha en defensa del mar. Aprendió a leer y a escribir rápidamente. Y sin renunciar a su modo de vida se dedicó a pasear por las caletas y todas las playas de los alrededores llevando su mensaje ecológico. Todos hablaban muy bien de él por su encomiable labor y su gran sacrificio. Nadie sabía que tenía una compañera maravillosa que lo seguía a todas partes.
05/06/2010
El olor de la política
Tenía que firmar un documento. No le costaba nada decir que sí. Pero pensó, quién soy yo para ir en contra del reglamento. Dijo que no. Se le cayeron veinte pelos más de los pocos que ya tenía. Cuando su secretaria le dijo, y no puede reconsiderar ese pedido, es una buena causa, haga una excepción. Volvió a decir que no. Ya no sabía ni por qué razón. Escupió en el tacho de basura de su escritorio sintiendo un poco de sangre de sus irritadas encías. Tenemos que obedecer las reglas, para eso fui elegido. La secretaria pensó, pero si ya antes hizo algunas excepciones, y a sus amigos. El sol brillaba sobre la mesa pero no sobre su grasosa calvicie. He dicho que no, que no y no. El último no le abrió el apetito.
Le avisó a su secretaria que saldría para almorzar, que llamase a su chofer. Abandonó el edificio como si fuera el presidente de la república, al abrir las piernas para subir al carro oficial se le salió un pedo. El chofer pronunció un silencioso puf.
02/07/2010
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