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D ormía
mucho para
soñar con lo que no podía tener en la realidad. Se
volvió casi transparente como hecho de material onírico.
No entendían cómo es que se mantenía saludable, si no
comía nada ni hacía ejercicios. Lo increíble es que en
sus sueños había aprendido a resolver todos los
problemas del mundo, lo había transformado en un
verdadero paraíso. Se prohibió el ingreso a todo
elemento negativo para una sociedad totalmente feliz,
libre de atrocidades y de perversiones. Estaba
convencido de que su actividad onírica influiría en el
mundo real así como las oraciones de los religiosos.
11
E lla
era muy alta y
cuerpona. Él era pequeño, pero con un bigote
exageradamente largo. Los dos andaban por la calle muy
abrazados. Cada cierto tiempo ella se agachaba y él se
empinaba para besarla. Los vecinos comentaban
irónicamente, allí vienen la giganta y el enano. A esa
mujer le debe de doler el cuello y a él, las puntas de
los pies. Con ese bigote el enano le debe de limpiar los
zapatos. No se cansaban de criticarlos, sin embargo,
verlos era la única felicidad del vecindario.
12
L a
debilidad del
acero. El coche era totalmente automático y el
"conductor" era un robot. Le habían dado la apariencia
de un hombre común. Se detuvo donde lo programaron para
recoger a una persona. Allí subió una mujer hermosa y
despampanante, muy humana por todos sus lados. El robot
comenzó a transpirar aceite y el coche no lograba
arrancar. El proceso nunca había demorado tanto. Ante la
inmovilidad, la mujer se bajó del carro y se fue a pie
llevándose su femineidad al compás de unos tacos muy
altos. El coche y el robot demoraron unos minutos en
recuperarse. Qué-mu-jer-tan-be-lla, se escuchó decir en
su voz robótica.
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